martes, 23 de junio de 2015

¿SABE USTED DE QUÉ MURIÓ JESUCRISTO EN REALIDAD?

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 Blog de Samir Kabbabe

¿Sabe usted de qué murió Jesucristo en realidad?; por Samir Kabbabe
Por Samir Kabbabe | 1 de abril, 2011

De qué murió Jesucristo Muerte por crucifixión; por Samir Kabbabe 640

1. ¿En qué consistía esta forma de ejecución?
La crucifixión fue un terrible método de ejecución que se practicó durante ocho siglos y por el cual murieron decenas de miles de personas. Instituida en la época de los romanos, no sólo era aplicada a criminales, sino también en ejecuciones masivas y a prisioneros de guerra, como sucedió con los seis mil seguidores de Espartaco.
Sin embargo, hay que decir que no había sólo una forma de crucifixión: podía hacerse con los brazos amarrados a la porción horizontal de la cruz que cargaba previamente el condenado o clavando las extremidades por las muñecas. Las palmas de las manos no tienen huesos que den apoyo a los clavos, así que si se colocaran allí los clavos (como en los referentes de la pintura universal) se desgarrarían las carnes, desprendiéndose el crucificado.
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Además, los pies podían ser amarrados o clavados por separado, uno a cada lado, con largos clavos que atravesaban el calcáneo, el hueso del talón. No parece que fuera práctica clavar un pie sobre otro ni encima de un segmento de madera que sirviera de apoyo.
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A algunos prisioneros de guerra los crucificaban en árboles de diversas formas, según se le ocurriera a la soldadesca. Lo cierto es que una vez crucificada la persona, y dependiendo de la forma de crucifixión, la muerte sobrevenía en unas tres horas.
Y cuando los suplicios se prologaban, se añadían otros suplicios para apurar la muerte, como fracturar las piernas con una mandarria.
Las hipótesis más aceptadas de las causas de muerte de los crucificados son la asfixia y el shock por hipovolemia (acentuada pérdida del volumen sanguíneo).
Sin embargo, también se mencionan el shock por taponamiento del corazón y el shock neurogénico por dolor, pero muy probablemente en el deceso de los crucificados había una combinación de varias de estas causas.
2. ¿Es posible sudar sangre ante un temor inminente?
Desde su captura hasta su muerte, durante esas aproximadamente dieciocho horas, Jesucristo debió recorrer a pie unos cuatro kilómetros.
Ajustado a los Evangelios, el caso de la Pasión y Muerte de Jesucristo inició en el Monte de los Olivos, en Getsemaní, donde estuvo Jesús con sus discípulos después de La Última Cena y se retiró a orar. Y mientras oraba, sudó sangre, según el relato motivado porque sabía lo que afrontaría y aceptaba su muerte.
La hematidrosis o sudor con sangre se ha descrito en medicina como un fenómeno raro que ocurre en personas bajo una insoportable angustia, un enorme estrés, como se han registrado casos en algunos bombardeos.
En la hematidrosis hay sudoración exagerada con ruptura de los capilares de las glándulas sudoríparas, mezclándose la sangre con el sudor y se acompaña de profunda fatiga.
3. ¿Cómo pudo afectar a Jesús la tortura?
Ya capturado y mientras los soldados y la turba de seguidores de Caifás, el Sumo Sacerdote y líder de la conspiración lo llevaban al Templo, Jesucristo comenzaba a ser golpeado. En el Templo de Caifás es acusado de blasfemia y condenado, tras una secuencia de vicios de procedimiento e ilegalidad, yendo de Caifás a Pilatos, de Pilatos a Herodes y de vuelta a Pilatos, donde se le sentencia a muerte por crucifixión, previa flagelación.
El flagelo, con tiras de cuero que tenían pequeñas bolas de plomo o fragmentos agudos de hueso en sus extremos, se tiraba con fuerza contra su espalda, hombros y piernas mientras estaba atado, sostenido por sus muñecas. La flagelación comienza produciendo traumatismos y hematomas, luego va rompiendo piel y el tejido subcutáneo, desgarra los músculos, macera los tejidos y expone los músculos. El dolor es extremo y la pérdida de sangre copiosa.
Según el relato, las flagelaciones fueron detenidas en 39. Luego le colocaron una corona de espinas (cada espina de unos 2,5 a 5 cm de largo) que le insertaron contra su frente y cuero cabelludo, tejidos que sangran abundantemente. Este sangramiento debió continuar por mucho tiempo, puesto que impregna y fija su imagen en el paño de La Verónica. Además, el paño púrpura que le colocaron sobre la espalda debió adherirse a la sangre y el suero que rezumaban las heridas de la espalda, para luego, al retirarla, desprender las costras y reavivar las heridas.
4. El Vía Crucis hacia la asfixia.
Desde el Palacio de Pilatos al Monte Gólgota son unos 600 metros en pendiente empinada. Tan mal estaba físicamente Jesús que es llamado un tal Simón de Cirene (un norafricano) para que lo ayudara con la cruz.
Al llegar a la punta del Gólgota lo acuestan y le clavan las muñecas y los pies con clavos rudimentarios de no menos de 10 centímetros de largo, perforando huesos y nervios. Jesús no aceptó la mezcla analgésica de mirra y vino, así que una vez en la cruz, tras apoyar su cuerpo en unos pies atravesados por clavos, el dolor sería espantoso.
Ese mismo dolor activaría la tendencia a flexionar las rodillas y sostener el cuerpo con los clavos que atraviesan las muñecas, lo cual también sería espantosamente doloroso. En resumen: era imposible apoyar y erguir el cuerpo, era imposible estar quieto, era imposible moverse.
Con dolor extremo, extenuado del cansancio, desangrado, sin probar líquido, abandonado el cuerpo a su propio peso sostenido por brazos extendidos y clavados, descendido el tórax, insuflado el tórax, más expandido de lo usual y con poca capacidad para respirar lo necesario, se añade la asfixia.
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5. La Muerte. Finalmente Jesús expiró. Perdió el conocimiento y murió inmediatamente después de anunciar el fin y encomendar su espíritu. Para verificar su muerte, le dieron el lanzazo en el costado que habría desinflado y colapsado el pulmón derecho y que pudo haber llegado hasta el corazón. Si Jesucristo tenía una severa hipovolemia, entonces del costado debió salir sangre acuosa.
Así fue la muerte de Jesucristo, admirado, venerado y seguido por tantos, quien en vida predicara amor, justicia, libertad y no violencia. Las escrituras dicen que aceptó su muerte para la permanente liberación o perdón de los pecados y para la permanente redención o renovación. Así debió ser la muerte de quien estableció una moral en comunidad y permanente superación basada en el amor al prójimo y la solidaridad, por encima de las leyes y preceptos represivos “del poder en este mundo”.

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